El Ariel representa al cine de unos cuantos en México.

Como siempre les hemos prometido, aquí se tiene que hablar con la verdad, no tenemos ningún tipo de compromiso con Instituciones Públicas ni Privadas. El único compromiso es con la gente que decide comenzar a seguirnos y leer nuestros artículos. Este premio fue fundado con el propósito de premiar lo mejor del cine Mexicano. Pero lo que ellos llaman cine mexicano está en tan pocas manos y con el mismo perfil de realizadores que es muy difícil que realmente hablemos de una verdadera representación analicémoslo punto por punto.

Sólo hay 2 escuelas de cine validas por el AMACC donde sus trámites de ingreso son muy opacos.

El Centro de Capacitación Cinematográfica recibe casi todo el presupuesto en cuanto a educación cinematográfica se refiere. El examen de admisión no muestra resultados ni si quiera de la primera etapa con el puntaje, y en palabras de uno de sus profesores “a mí me da risa cada vez que entro al aula con una generación nueva, ya los identifico por el apellido de sus familiares“, mientras que el CUEC por ser parte de la UNAM sólo admite admite a un porcentaje mínimo del total de la población siendo que el arte al no ser una ciencia exacta no se puede medir de la misma manera.

Por ello han surgido opciones de escuelas por el largo y ancho del país para recibir todo tipo de perfiles y a pesar de que ganan premios internacionales, adivinen… el presupuesto tiene prioridad para ellos, para las escuelas del Estado. Obstruyendo estructuralmente al cine hecho desde otros estados de la república. Y centralizándolo para personas del sur de la Ciudad de México, donde se asentaron los españoles llegados a América en colonias como Coyoacán o Miguel Ángel De Quevedo, por lo tanto también se vuelve en un tema racial ya que son premios que son otorgados a personas en su mayoría de piel blanca.

Reapropiación cultural y cine condescendiente.

Tenemos por lo tanto un perfil muy homogéneo de realizadores, gente de piel blanca con un nivel económico medio y alto de la Ciudad de México. Entonces generalmente deciden hablar desde el privilegio de temas como comunidades indígenas, LGBT, movimientos en otros Estado de la República. Cuando ellos no pertenecen a estos espacios y tampoco los entienden. Por ello el cine Mexicano premia obras donde las mujeres indígenas sólo pueden ser sirvientas, ya que nunca han tenido en su vida una mujer indígena fuerte, con sus cientos de aristas. Para cuando el resto del país tenemos algún familiar, amigo o conocido con estas raíces, pero no se nos permite contar nuestras historias, porque el presupuesto del IMCINE es acaparado por ellos. Entonces tenemos historias donde las comunidades indígenas son vistas desde arriba, el típico “pobrecitos”, lo cual genera un sesgo brutal de representación.

El presupuesto para hacer cine y distribuirlo la última cerca de cierre.

Finalmente, si logras sortear todo lo anterior, haces tu película de presupuesto limitado y no provienes de la estructura del Estado. Se hacen más de 100 películas al año de las cuales no llegamos a conocer ni la decima parte, no porque sean malas (además nos ponen generalmente muy malas películas mexicanas en el cine), sino porque el IMCINE sólo apoya en festivales y distribución a aquellas que mantienen lazos centralizados con ellos. Por lo tanto material invaluable en cuanto a generar registro de una época, en distintos del país quedan automáticamente descartados. También es culpa del duopolio de cines en México, a los cuales sexenio tras sexenio, representantes del cine y la cultura en México “dicen” que reformaran esto, pero simplemente no pasa, ya que lo más importante es no perder el poco poder que les queda, antes de realmente generar un cambio.

Me gustaría cerrar con un comentario hecho en los Emmys #2020, no se piden cuotas para ser políticamente correctos. Si sólo hay hombres blancos caucásicos seleccionando proyectos, esos serán los que elegirán, en México es lo mismo si sólo hay personas blancas de estatus alto ubicadas en el sur de la ciudad, su selección y gustos estarán ahí, conozcan o no de antemano quienes hacen los proyectos. Espero esto algún día cambie, por lo mientras nos queda abrir nuestros propios canales de comunicación con la gente y jamás estar esperanzado que ese techo de cristal se rompa para muchos de nosotros, sino más bien seguir luchando por hacer cine aún si es a contracorriente.